Tus ojos eran negros como el espejo
ne gro de los magos negros.
Tu piel era tan blanca como
paloma blanca sobre la nieve blanca.
flor nueva de durazno naciendo en madrugada.
como las mariposas de épocas pasadas.
No pude evitar, no pude evitar al dejar de mirar esos ojos negros,
y quise nadar dentro de ellos y romper el sello
milenario que allí había.
Primero fue un reflejo, luego un destello,
y me obsequió la lu z de la secreta entrada
vedada para aquellos que no entendían.
Le pregunté su nombre, me dijo
Teruko, y al estrechar su mano,
gorrión caído con miedo al que vendrá,
será mi última noche, el sol me alumbrará.
Fuimos por el sendero que llevaba
a la entrada de los campos de rosas
y flores encerradas en castillos profanos
en donde a cada in vierno
Y al juntar nuestros labios,
iluminó el sol naciente a todos los misterios que oriente
los mitos profanados y la pagoda ardiente
me abrió sus puertas blancas
Se apagó el sol naciente.
Juventud impaciente la mía fue
Mis pies calzaron vientos que
por siempre allí en mis ojos,